| Una ventana abierta |
| Escrito por Rosa Mē Rosas | |
| jueves, 04 de septiembre de 2008 | |
|
El camino es largo y costoso porque lo primero que debes hacer es empezar por ti mismo. El proceso es espontáneo, sin proponérselo, sin obcecarse ya que solo así puedes ayudar a personas que de ti necesiten. Muchas veces todo este planteamiento comporta poner la carne en el asador pero vale la pena, esto es ser honesto con uno mismo y hacia quien tienes que ayudar. Siempre, incluso a nosotros mismos, nos cuesta aceptar que en un momento determinado sintamos odio, rechazo, miedo, apatía, indiferencia, etc. pero os aseguro que te vas dando cuenta a cada momento, lo que te hace rectificar y tomar otro camino poniendo remedio. Sabes que no te puedes estancar y regocijarte sintiendo todo lo antes mencionado. No podemos dejar que ese copo de nieve se haga más grande. En el momento que cae el primer copo tenemos que pedir ayuda. No dejemos que se forme un alud y destruya la casa donde se aloja nuestra alma. Imaginemos que somos conscientes de que en el techo hay unas tejas mal puestas, seguro que siempre pensamos, tengo que llamar a un técnico que me las arregle sino cuando llueva hará frío, se estropeará el techo, etc. En pocas palabras, sabemos que es necesario, pero nos da pereza, nos desbordan otros asuntos, siempre lo dejamos pensando que no será par tanto, etc. Al no poner remedio primero aparecerá una ligera y molesta humedad. Aún así al entrar a casa oleremos a moho, sentiremos que el frío se nos aloja en los huesos pero el tiempo va pasando y caerán goteras y así sucesivamente hasta que el techo se venga abajo. Nuestro cuerpo también va reaccionando a todos los conflictos de nuestra alma, por eso es necesario tener paz y poseer un equilibrio entre mente y alma. Es fundamental. El simple hecho de ser consciente de lo que te ocurre y reconocer el sentimiento negativo que en este momento te invade ya te hace sanar. Ser terapeuta es como tener delante una ventana abierta a un paisaje precioso, pero no sólo para mirar y disfrutarlo nosotros solos, es para tender una mano amiga a quien está abajo mojándose, pasando frío y con hambre de comprensión. Pensad que en este momento ese alguien sólo sabe que tiene frío y que se está mojado pero no sabe por qué. Quiere ayuda. El terapeuta debe estar fuerte para poder alargar mucho el brazo y alcanzar a tiempo a la otra persona aunque nos duela por el esfuerzo, el cual habrá valido la pena. Es un camino hacia la humildad, un mundo maravilloso que te hace crecer como persona, a abrir miras y a abrirlas a los demás. Se desarrolla un instinto antes desconocido y sorprendente. El mismo hecho de estudiar las flores te hace pensar muchísimo. Pongo unos ejemplos, ¿cómo es posible que la misma flor que sirve para corregir la impaciencia no tenga la paciencia de que sus semillas se esparzan a consecuencia del viento o de un pájaro que va a comerlas? Pues así es. Ella las escupe. O el caso de un árbol que se utiliza en caso de miedos no concretos, ¿no es curioso que sin pizca de aire sus hojas estén todo el día temblando? Nada es casualidad, os lo aseguro, es un mundo fascinante, lleno de gratificaciones y la principal es AYUDAR. Desde aquí os invito a conocer este mundo, tanto formándote como terapeuta como pidiendo ayuda a un profesional. Vale la pena. Rosa Mª Rosás |